Estaba paseando tranquilamente por Twitter antes de retirarme a mis aposentos, cuando me encuentro con este de Juan Luis Hortelano:
En T5 dicen que en España hay 500k prostitutas, y se quedan tan anchos. Haced numeros…
Y me he paseado por la noticia, he leído el primer párrafo, me ha entrado la risa tonta y me he decidido a seguir la sugerencia de Hortelano.
El párrafo en cuestión:
Las palizas y las amenazas son el pan de cada día de las más de 500.000 mujeres que viven en España bajo el yugo de la prostitución. Nueve de cada diez son extranjeras. (…) Se convierten así en pasto de las mafias, que con su trabajo generan una cantidad que supondría el 2% de la riqueza nacional, según las estimaciones.
Si cogemos las cifras del Padrón Municipal de 2008, tenemos que en España un 3,2% de las mujeres de entre 15 y 65 años son prostitutas. Eso, sí, es mucho. Pero bueno, aceptemos que las “nueve de cada diez” extranjeras, esto es, 450.000 mujeres prostitutas, no aparecen en las cifras del Padrón. En ese caso, y aún sumándolas al 1.979.000 mujeres extranjeras de entre 15 y 65 años que viven en España, nos daría que un 17% de ellas son prostitutas. Esta legión de profesionales aportarían 16.678 millones de € anuales al PIB español (un 2% de 833.905.000.000 €).
Que Telecinco ha decidido que este es su nicho de mercado (el amarillismo, el morbo, la violencia y el miedo), no es ningún secreto. Como empresa, no se le puede culpar de eso. De la misma forma que tampoco cabe culpar a El País por su giro editorial, tenga los motivos que tenga, ya que, como bien le he escuchado decir hoy Carlos Alsina en Onda Cero, a quien finalmente tiene que rendir cuentas Prisa no es a su audiencia, sino a sus accionistas. “Ningún medio de comunicación tiene la obligación de ser objetivo: tiene la obligación de ser veraz, que es muy distinto” (Jessica Fillol). Pero con ejemplos como el aquí citado, Telecinco pierde veracidad. Y con editoriales como el de hoy, El País también la pierde.
Lo que vengo a decir es que a veces perdemos de vista el sistema político y económico en el que vivimos: democracia de mercado. Esto implica que los medios de comunicación han de asumir su responsabilidad como agentes de poder, con capacidad de generación de discurso, y han de hacerlo de una forma, insisto, veraz. Pero también plural, y esto queda en parte garantizado por la necesidad de diferenciación entre ellos en busca de su nicho de audiencia. No hay que olvidarse de lo uno, ni de lo otro, al elaborar críticas desde nuestra cómoda posición de medios no empresariales y con escasa responsabilidad pública y social; por aquello de la audiencia, en comparación.