Aviso: esto no es un análisis. Es una declaración. Los análisis ya vendrán.
¿Qué es lo que ha pasado?
· Que los medios de comunicación tradicionales (incluyendo diarios online) no respondieron ni a tiempo ni correctamente a lo que estaba sucediendo en Irán. Podemos darle mil y una vueltas, pero no creo que sea necesario.
· Que los social media sí lo hicieron. Principalmente Twitter, pero también Flickr, YouTube, y Facebook antes de que le cortasen las alas desde el Gobierno. Que se ha conseguido una mínima estructuración de la información con una nada despreciable coherencia interna y con respecto a la realidad que relataba.
· Que, en un momento dado, los medios tradicionales han pasado a ser fuente de los social media, integrándose en dicha estructura. Y, especialmente en términos multimedia, los social media han pasado a ser fuente de los medios tradicionales.
Nosotros, Edgar y yo, escribíamos y escribimos sobre lo que no sabemos. Oh, por supuesto. Estamos sentados en nuestras casas, o donde sea, portátil en ristre. Nuestras fuentes no son sino civiles que retransmiten lo que ven desde Irán, y otros medios de comunicación, tanto social como no social. No tenemos otra vía de confirmación de informaciones que las imágenes y las referencias cruzadas. Es comodísimo. Es un puto hobby, porque Edgar es politólogo y yo sociólogo, y los dos nos dedicamos, personal y profesionalmente, al tema de internet. Y como nosotros, o parecidos a nosotros, decenas, cientos, miles de personas en el mundo. Son capaces de recopilar, redistribuir y regenerar información cuando los medios tradicionales no son capaces de hacerlo. Sin confirmación in situ, sin ser especialistas en Irán, sin tener más herramientas que su tiempo libre y su conocimiento de internet.
Y qué.
Obviamente, tras unos días acaba emergiendo una estructura de la información jerarquizada. Pueden localizarse los puntos de partida o mayores altavoces de la mayoría de noticias e imágenes. Pero no todos, y siempre hay fuentes nuevas. En todo caso, la estructura, como orden de los elementos de un sistema, es aparantemente inevitable si se busca la ausencia de caos.
Y qué.
Lo que realmente cuenta es que a través de nosotros, de los usuarios motivados o freaks o como fuere, un gran número de gente ha podido informarse de lo que está sucediendo en Irán, una región geoestratégicamente y políticamente clave para el futuro de Oriente Medio. Y, por extensión, de Europa y del Mundo. Ahora podrán venir y pasar analistas y todólogos que a toro pasado verán aquí la revolución de los social media y la definitiva democratización de la información, o bien adoptarán una postura más escéptica y conservadora notando la falta de consistencia de dicha información, la imposibilidad de confirmación y por ende el emborronamiento de la verdad y del conocimiento. Yo mismo, en unos días, hablaré aquí de cosas tan abstractas como élites y poder, estructuración y puntos de origen de la información, capacidad de difusión de los nodos y consecuencias posibles de todo esto a largo plazo para determinadas estructuras sociales, políticas y económicas.
Y qué.
Porque es más fácil que todo eso: sólo con medios tradicionales, la información hubiese llegado tarde y por tanto mal e incompleta. Con los otros medios, la información fue puntual y más que completa, saturadora. Edgar escribió sobre las revueltas de Teherán horas antes de que El País hablase sobre el tema. Lo leyeron cinco, claro. Pero ya valió la pena.